22 enero 2009
La ventana
15 octubre 2008
11 octubre 2008
18 agosto 2008
ENCONTRADO

Nunca quisimos unicornios azules; con que nos hubieran dejaron en paz hubiera sido suficiente.
10 mayo 2008
Upps!
16 noviembre 2007
37
19 junio 2007
22 abril 2007
09 abril 2007
Caribeando sigue andando

Para cuando quieras dar la vuelta y un golpe de sal y arena te salpique en los párpados.
08 abril 2007
Conejo de Pascuas

02 abril 2007
23 marzo 2007
El cigarrito

http://www.youtube.com/watch?v=hesTpJ4oGvk
20 marzo 2007
19 febrero 2007
Tarjeta Postal para la Muerte

Como si supiera que en el camino de la vida iba a ser una tarjeta volátil y efímera, tierna y superficial. Adempero a los elementos, el rostro de las huellas vividas aún calma los mares siniestros. Sólo la cercanía de la orilla sucumbe a los infiernos. A la hora del té descanso. Mañana será otro día para viajar. Quizá para descansar, pero no llevo a engaños. Sólo habrá una muerte rosa tres pisos bajo el soterrado. En la esquina, de seguro, encontrará la rueca, el hilo y la tijera de una Penélope sin dedos. Una tarjeta postal que diga: Casi ya por el fracaso voy a reventar.
14 febrero 2007
07 febrero 2007
04 febrero 2007
Lenguaje de dioses

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. En mi, la personalidad es una especie de forunculosis animica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad. Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C. ¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera! Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan. ¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo - me pregunto - todas estas personalidades inconfesabIes, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora? El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues mís profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto... Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas. Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda. (Oliverio Girondo, Espantapájaros)
30 enero 2007
Conversaciones de secretarias

22 enero 2007
Sobrepeso

Pienso que habita un hueco tan gigante casi de la misma densidad de la capa de ozono en mi complexión. subsiste allí desde la era mesozoica, fosilizado de los sinsabores del género humano. las dimensiones son inconmensurables (o inmediables) porque cada día se expanden a 100 kilómetros por hora. si sigo así tendré que usar tallas triple extra grande por el resto de mi vida, o peor aún, competir con la gorda más rolliza del circo más famoso del mundo. competirán nuestros propios pesos vivenciales, pero ya que el aire no tiene peso, perderé la suerte junto a la lotería, lo mismo que todos los viernes. y como se puede estar peor cuando todo empeora, me supongo que me sentiré conectada con el pejesapo que chochea alegremente en el estanque del jardín, quizás volaré entre las olas con un deforme y bello pez globo todo lleno de espinillas juveniles o, para colmo, a lo mejor serpentee sin control en las suaves profundidades del caribe convertida en un chapín de lo más gracioso. da igual. perpetuamente me ha gustado el mar. es el único lugar donde caben mis mortales suicidios. no quepa la menor duda, desde los acantilados más feroces donde se han estrellado gaviotas freudianas hasta las más calmosas playas, destinatarias de turistas y náufragos insaciables, hay espacio, no lo dude usted, para todos (dimensionalmente hablando).
De "Demonios en la linterna" Sonia Marcus Gaia (1999)
19 enero 2007
Cíclope poético

Si ha encontrado a un escritor así, por favor no desenfoque ni deslice el pulgar. La transmisión no es culpa de su televisor ni del pésimo cable que paga para ver las películas de Cantinflas. Usualmente este especimen tiende a esta condición: Yo primero, Yo segundo, Yo tercero e Inflable. Escribe cartas proscritas, maneja códigos de viajes y aviones y títulos académicos de una índole de ínsula irsuta. No hay remedio con ellos. Se inflan como pejesapo y es sorprendente la gran capacidad de nutrición flotante de sus espectros. Cuando los vea como la novicia voladera, y se harte de sus mañas y sus cuervos, y contraiga sus ojos frente a sus más devoradores egoismos y termine pensando si es más factible creerle o matarle, no desfallezca. Las leyes naturales son infalibles. Si algo sube... te veré caer.